En la dirección y en la política hace falta Coaching

Hace algunas semanas me hicieron una entrevista en televisión sobre la salud en la empresa.

Hablamos sobre los síntomas que se detectan cuando la empresa deja de ser saludable y es causa de sufrimiento, generando condiciones y contextos tóxicosque acaban con enfermedades de todo tipo y disfunciones entre los distintos equipos productivos, trasladándose a la calidad del producto y del servicio al cliente.

La empresa que deja de ser saludable acaba por decaer en su compromiso con la calidad, trabajándose rutinariamente, confiando más en el valor reconocido del producto que en la satisfacción del cliente. Esa situación de “estancamiento de actitud” acaba repercutiendo en los resultados. La empresa se paraliza en su crecimiento o claramente pierde posicionamiento respecto a sus competidores.

En un momento de la entrevista a la que me refiero, la periodista comentó que veía muy claro la aplicación de procesos de coaching en la empresa privada y me preguntó si la empresa pública también requería estas técnicas.

Estoy convencida, le dije, que trabajar la parte emocional y relacional de los empleados públicos no solo tendría grandes beneficios para ellos como personas y como ciudadanos sino que, al ser empresas públicas, toda la ciudadanía se beneficiaría con un mejor servicio y una gestión más responsable de los recursos púbicos.

Todo CEO, directivo o mando intermedio necesitaría pasar, como se hace en otros países, Estados Unidos y, en Europa Suiza a la cabeza, por un proceso de coaching y de desarrollo de habilidades, enfocado a la gestión de las emociones para que, estas, trabajen a su favor y no en su contra; al tiempo que se potencian las fortalezas y capacidades propias para empatizar con las necesidades ajenas y gestionarlas con el mejor éxito.

Tras los procesos de coaching los equipos directivos, intermedios o de colaboradores trabajan con mayor eficiencia, alineando objetivos y emociones a favor propio y de la empresa y, hacia los clientes, transmitiendo empatías y oportunidades de negocio.

En esta sociedad tecnológica, capacitada y motivada, el éxito profesional depende cada vez más de las habilidades para liderar, para influir y para relacionarse de forma saludable y eficiente con los demás. Pero no solo se trata de la necesidad de gestionar adecuadamente las emociones, propias y ajenas, sino también de sus derivaciones como el estrés, los conflictos, la gestión del tiempo, las empatías, el autocontrol y la resiliencia, entre otros.

Los cargos de dirección en la empresa privada, y la pública con mayor motivo porque su gestión nos atañe a todos, deberían pasar por procesos de auto conocimiento y control, de coaching, porque ya desde las primeras fases de aprendizaje vital ya se notan resultados prácticos: se mejora como persona y profesional; siendo más conscientes de los valores, de las capacidades y aumentando la vocación de servicio.

Y qué decir de los políticos!

Este país está evolucionando muy deprisa y necesita que sus dirigentes y directivos hagan el esfuerzo de evolucionar al mismo ritmo, algo para lo que algunos ya se han preparado pero muchos otros no, y el ejemplo claro está en las pocas habilidades de negociación que se están demostrando al no ser capaces de llegar a un win-win, con el que todo el país también ganaría.

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