Sabes bailar con tus miedos??

Podemos dejar que las experiencias negativas que vivimos nos endurezcan y nos hagan cada vez más resentidos y miedosos, o, por el contrario, que nos suavicen y nos hagan ser más tolerantes con nosotros y con los demás , adoptando una actitud más abierta, positiva y activa ante lo que nos asusta.

El miedo forma parte de nuestras vidas, todos tenemos miedos. Es más, el miedo es absolutamente necesario, para cualquier ser vivo porque nos avisa de los peligros. El miedo hace que nos preparemos para el futuro, que estudiemos para los exámenes, que cerremos la casa con llave, que conduzcamos con prudencia, que pongamos alfombra antideslizante en la bañera, que no intentemos tirarnos a la piscina desde un octavo piso, que no nos acerquemos a un perro rabioso.

El miedo que nos protege es bueno, pero ¿qué pasa cuando nos bloquea, nos paraliza o nos limita?

El miedo es una emoción y como tal, inevitable. Que sea un problema o no depende de lo que decidamos hacer con él, de cómo lo manejemos. El miedo nos tiene que servir para prepararnos para afrontar las situaciones difíciles y no para evitarlas.

El problema sería que no condujeras, volaras o te ducharas, por miedo a tener un accidente, que no estudiaras e hicieras exámenes por miedo a no aprobar, que no salieras a buscar un trabajo por miedo a que te rechacen o a no ser capaz de realizarlo. O que no inicies una relación por miedo a que te hagan daño.

Y el miedo puede producirnos este efecto, aun incluso sin darnos cuenta.

«María era una estudiante notable, sin embargo, no terminó la carrera por no presentarse a las pruebas finales. Su justificación era que, al fin y al cabo, no pensaba ejercer porque no era lo suyo. Había llegado hasta el final, pero no le parecía importante terminar, total para qué. La realidad era muy distinta, María tenía un miedo atroz a no aprobar. Tardó 10 años en darse cuenta de que era el miedo lo que la guiaba realmente, y que por miedo a no aprobar el examen final, ya lo tenía suspendido.»

A veces son los miedos los que toman las decisiones por nosotros, entonces son ellos los que dirigen nuestras vidas.

Así que los miedos nos pueden paralizar, y en ocasiones, por miedo a que esto ocurra, simplemente decidimos ignorarlos, hacer como que no existen. Esto significa que miramos a otro lado, pudiendo realizar acciones kamikazes y peligrosas (como si le echásemos un pulso al miedo), o evitativas.

Un mecanismo muy humano es tratar de huir del dolor, y sentir miedo es una forma de dolor. Para ello realizamos todo tipo de acciones evasivas, a unas personas les da por beber, o por ir de compras, comer compulsivamente, darse al juego, por tomar drogas, ver series de televisión durante horas o jugar a los video-juegos continuamente, etc. De esta forma consiguen sentirse mejor por un tiempo, pero luego el miedo vuelve, el dolor vuelve y tienen necesidad de volver a realizar estas acciones, de forma que se vuelven adictivas.

Huimos del dolor y eso mismo es lo que nos hace esclavos.

Si intentamos huir del dolor, este nos perseguirá siempre. Si quieres no sentir dolor, comienza sintiéndolo y afrontándolo para que se vaya, si lo bloqueas se convertirá en sufrimiento eterno.

No temas sentir el miedo, baila con él.

Cómo bailar con el miedo en 3 pasos

1- Toma de conciencia: si sientes que quieres hacer algo pero no lo haces, pregúntate que miedo te

lo está impidiendo.

2- Si no lo descubres, imagínate haciendo eso que quieres hacer y no haces, y pregúntate:

¿qué es lo peor que me puede pasar?

¿es realmente eso lo peor?

Vívelo, siente el miedo

¿qué sensación física tengo?

¿en dónde está situada?

Visualízala e intenta ponerle nombre.

3- Una vez desenmascarado tu temor, enfréntate a él y pregúntate:

¿qué probabilidades reales hay de que ocurra?

¿Qué situaciones similares he vivido?

¿Cómo lo superé?

¿Qué puedo hacer yo ahora, con lo que sé, si ocurriese eso que temo?

¿Cuáles son mis recursos?

¿Qué recursos tengo que buscar para afrontarlo con éxito?

Baila con tu miedo hasta que pierda fuerza y se desvanezca.

Aceptar que la seguridad absoluta no existe, que la vida es cambiante y que no tenemos tanto control sobre ella, relajarnos y confiar en la vida misma para poder disfrutar de ella.

Nuestros temores terminan confirmándose, atraemos aquello en lo que nos centramos, nos focalizamos. Si quieres tener dinero, se generosa con él, si quieres tener amor, repártelo sin reservas, si quieres atención, atiende a los demás.

Igual que «El viaje de vivir» dura toda la vida, el de toma de conciencia de nuestros propios mecanismos de protección, de comprensión de nuestras emociones, y aprendizaje de su manejo, si queremos vivir plenamente, también nos debe de acompañar durante todo el viaje.

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